Bolivia elige a su presidente tras un largo proceso electoral de 10 meses

Este domingo 19 de octubre quedará grabado en la historia de Bolivia como una jornada inédita porque es la primera vez que se elige a un presidente mediante un balotaje o una segunda vuelta, y es la culminación de los comicios más largos que le tocó administrar al Órgano Electoral en su conjunto. Técnicamente fueron diez meses de actividades programadas desde el Tribunal Supremo Electoral (TSE).

Los bolivianos elegirán entre los binomios de Rodrigo Paz y Edmand Lara, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), y Jorge Tuto Quiroga y Juan Pablo Velasco, de Alianza Libre, los más votados en las elecciones del 17 de agosto.
Este proceso no solo es histórico por la fecha y la modalidad, sino también porque llega a su fin la era del Movimiento Al Socialismo (MAS), esta organización de izquierda popular que queda fuera de las esferas más altas del poder político, y comienza un periodo constitucional que promete cambios estructurales en el Estado.
Pero más allá de esos cambios prometidos por los candidatos, el que salga electo este día, cargará sobre sus hombros la tarea titánica de hacer frente a la recesión y resolver una de las crisis más agudas de la economía por la falta de combustible y la ausencia de dólares, según expertos consultados por EL DEBER.
Un largo proceso electoral
Todo comenzó el 23 de enero de este año, cuando el TSE anunció que el 17 agosto serían las elecciones generales por un nuevo presidente, vicepresidente, senadores, diputados y asambleístas supraestatales.
No obstante, tras administrar en diciembre de 2024 unas elecciones judiciales parciales por orden del Tribunal Constitucional, era inevitable para los vocales no sentir temor ante una posible suspensión, más aún cuando la Asamblea no aprobó ni la mitad de los proyectos de ley que remitió el TSE, entre ellos el proyecto de ley de preclusión.
Para el vocal del TSE, Francisco Vargas, en este largo proceso electoral hubo al menos dos factores difíciles que les tocó enfrentar a los vocales. Uno de ellos fueron los intentos de algunos actores de suspender las elecciones con amenazas o acciones y recursos judiciales.
Pero eso no era todo. Vargas reveló que, los vocales también fueron blanco de amedrentamientos. “Hubo amenazas personales a los miembros del Tribunal Supremo Electoral y también medidas de hecho de algunos sectores que no estuvieron de acuerdo con algunas decisiones de este Tribunal”, aseguró Vargas a EL DEBER.
El temor de los vocales no estaba lejos de la realidad ya que apenas el TSE lanzó la convocatoria a las elecciones, el 4 de abril, empezó una ola de recursos judiciales, amparos y acciones populares contra las organizaciones políticas, los postulantes y contra el propio TSE.
Ninguna de estas acciones surtió efecto, tras el compromiso del Tribunal Supremo de Justicia y del Tribunal Constitucional de garantizar las elecciones hasta que este proceso concluya con la designación de un nuevo mandatario.

