CRÓNICA

Crimen en Montero: horas antes del asesinato del comandante se reportaron dos incursiones irregulares al cuartel

A las 23:15 del viernes, 30 de mayo, un proyectil de bala, disparado con alta precisión, acabó con la vida del teniente coronel Juan Javier Soliz Cáceres (42 años). El gatillador aguardó paciente a que el comandante del Regimiento XII Manchego de Montero retornara a su domicilio, ubicado dentro de la unidad militar, para ejecutar su misión criminal y huir por el mismo lugar donde, horas antes, los soldados de guardia habían detectado incursiones irregulares al cuartel.

La noche del crimen hacía frío. La luna se había puesto y en la unidad de élite, que hasta 2011 se llamó Ranger, solo reinaban la oscuridad y el silencio. Sin embargo, todo cambió a partir de las 23:15. A esa hora, según describe una fuente que conversó con EL DEBER bajo condición de anonimato, se escuchó un ruido ensordecedor que provenía de inmediaciones de la vivienda del comandante.

Relata que mientras corría en esa dirección junto al resto del personal militar de guardia, pensó que “una garrafa explotó”. Pero, no. El estruendo que rasgó el silencio fue producido por un certero disparo que acabó con la vida del teniente coronel Soliz. El proyectil ingresó por la nuca y salió por la frente, provocando un trauma craneoencefálico grave que lo condujo a la muerte. Tal como, posteriormente, confirmó el examen médico forense.

Minutos antes Soliz, desde las oficinas del Comando, había participado de una reunión virtual con el Alto Mando militar. Luego, a bordo de su motocicleta, recorrió los 221,5 metros que separaban a estas instalaciones de su vivienda y cuando se disponía a aparcar el vehículo, fue asesinado.

El cartucho de bala

El fiscal que investiga el caso, Luis Alberto Lafuente, dijo que el tirador atacó a su víctima por la espalda. La fuente militar contactada por esta casa periodística coincide con el representante de la Fiscalía al considerar que el criminal tuvo que esconderse entre los arbustos que rodean la casa del comandante, para adoptar una posición corporal que le dé sostenibilidad, apuntar a la altura de la nuca y percutar el arma de 9 milímetros.

Para que el proyectil haya entrado por la nuca y salido por la frente, el autor del crimen ha tenido que estar a menos de 15 metros de distancia, sostiene el testigo. “Cuando se dispara a 20 o 25 metros, normalmente, el proyectil queda incrustado dentro del cuerpo, no hay un orificio de salida”, explica a tiempo de agregar que la noche del crimen se encontró en la escena del crimen un cartucho de un arma de 9 milímetros.

Considera que el criminal tenía conocimiento de la rutina laboral del teniente coronel Soliz, quien, generalmente, se iba a su casa a las 19:00. Pero, esa noche tuvo que conectarse a una reunión virtual desde su oficina. Eso le dio oportunidad a su verdugo para esconderse entre la maleza, adoptar una posición corporal que le diera estabilidad y esperar pacientemente a que su víctima retorne a su casa y escapar hacia el lado este del recinto militar, en dirección de los cañaverales del Batallón Ecológico.

EL DEBER le consultó al fiscal Lafuente sobre el cartucho de un arma de 9 milímetros encontrado en la escena del crimen, presuntamente relacionada con el arma que usó el asesino, pero no hizo ningún comentario al respecto.

Extraños movimientos

La fuente contactada por EL DEBER señaló que horas antes del crimen, la guardia de turno registró dos incursiones irregulares por el lado este del cuartel, que colinda con los cañaverales del Batallón Ecológico y con una parte del predio de la Corporación de las Fuerzas Armadas para el Desarrollo Nacional (Cofadena) que fue avasallada y convertida en barrios en la primera década del 2000.

El primer movimiento extraño fue registrado a las 15:00 del viernes. Los soldados reportaron a sus superiores la presencia de civiles que, según les dijeron, buscaban a sus cerdos que se habían escapado.

La segunda vez, fue alrededor de las 21:00. Esta vez no eran civiles buscando a sus animales extraviados, se trataba de luces en movimiento, similares a las que genera una linterna. Cuando los centinelas llegaron al lugar no encontraron a nadie. Ante tal situación, el oficial de servicio dispuso patrullas móviles para reforzar la seguridad.

Estas incursiones irregulares, sostiene el testigo, podría tener relación con el crimen, ya que justo en el lado este del Regimiento XII Manchego está ubicada la vivienda del comandante y es también por donde huyó el hombre vestido de negro que segó la vida del teniente coronel Soliz.

La llamada de emergencia

Desde que el violento hecho fue reportado a la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc) de Montero, las instalaciones policiales han registrado un movimiento inusual de agentes policiales y militares, así como de investigados y de sus familiares. La tarde del domingo llegaron hasta esta unidad policial familiares del personal médico de la clínica SumiMed, luego de que se corriera la voz de que el personal médico que atendió la emergencia fue retenido.

Al respecto, Maico Moreno, abogado de SumiMed, informó al diario Zona Norte que los galenos no fueron retenidos y que se presentaron voluntariamente para aportar información. Explicó que cerca de la medianoche del viernes, la clínica recibió el llamado para atender un supuesto accidente de tránsito registrado en el interior del cuartel.

Inmediatamente, agregó Moreno, se envió una ambulancia, pero cuando iba por medio camino el cuerpo del comandante estaba siendo evacuado en otro motorizado. “A la clínica llegó sin signos vitales. Era un óbito. Le hicieron la limpieza al cadáver porque estaba bastante ensangrentado”, acotó.

Las investigaciones

Desde que se suscitó el crimen han transcurrido tres días y la Fiscalía no ha informado de ninguna aprehensión, pese a que el presidente Luis Arce, a través de sus redes sociales, urgiera “una profunda investigación”.

Por su lado, el viceministro de Régimen Interior, Jhonny Aguilera, este lunes, en una entrevista con un medio televisivo, dejó entrever que una de las hipótesis que maneja la Policía es un móvil pasional. Justo, esta versión es la que el sábado Jorge Santisteban, coronel retirado del Ejército y abogado, alertó que no debería primar.

En contacto con la Red Uno, Santisteban remarcó que el hecho de que un comandante sea asesinado en el interior de un recinto militar altamente especializado como es el Regimiento Manchego no debía tomarse a la ligera.

Desde su punto de vista, lo ocurrido en el ex Ranger “es un asesinato muy diferente realizado por criminales expertos y organizados”. EL DEBER
 

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